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el paraguas, un ingenioso invento

el paraguas, un ingenioso invento

17 Nov 2017

¿Quién no conserva en su mente como una de las mejores escenas del cine clásico la de Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia (1946), haciendo precisamente eso, cantar bajo un aguacero con un paraguas negro como compañero de baile? ¿Y qué decir de Mary Poppins (1964), interpretada por la inigualable Julie Andrews en su papel de niñera dotada de poderes mágicos que trata de mejorar las relaciones personales en el seno de una familia londinense mal avenida? Una JulieAndrews/Mary Poppins que nos regala otra escena mítica, la del final de la película, cuando se marcha volando sujeta a su paraguas en una mano y su maleta en la otra.

 Cuesta imaginar un objeto que pueda dar tanto juego, dentro y fuera de la pantalla. Porque, digámoslo ya, un paraguas no es un objeto cualquiera: en un fuerte chaparrón puede convertirse en nuestro mejor amigo. Ya nos hemos acostumbrado a él, pero ¡qué impresión nos produjo la primera vez cuando, siendo niños, descubrimos que esa cosa alargada y cerrada sobre sí misma se abría esplendorosamente con tan solo pulsar un botón, como un abanico o incluso como un pavo real cuando abre sus plumas! En estas líneas nos hemos propuesto contar algunas curiosidades sobre él.

Como ocurre con tantos objetos que se acaban revelando imprescindibles, se hace difícil precisar, tantos siglos después, quién fue el inventor del paraguas. Puede que muchos de sus usuarios ni siquiera se lo hayan preguntado, pero resulta que el paraguas se inventó en China en una época muy remota, nada más ni menos que en el siglo XI a.C., cuando no existía la tecnología tal como la entendemos hoy y había que echar mano de la imaginación para conseguir cualquier avance. Se cuenta la historia –supuestamente legendaria– de que una chica, de nombre Lu Mei, hizo una apuesta con su hermano para ver quién construía primero un objeto que les protegiera de la lluvia. Y Lu Mei, dotada de un gran ingenio, tuvo la ocurrencia de hacer un bastón que terminaba en un sistema con 32 varillas de bambú, cubiertas entre ellas por una tela. El objeto recordaba estéticamente a una seta. Seguramente esto no sea más que un cuentecillo, pero en cualquier caso hay que buscar en efecto la procedencia del paraguas en China, un país con gran imaginación. El invento partió de sombrillas que con ciertas modificaciones acabaron por convertirse en paraguas (bastante similares a los habituales) al cubrir un parasol con dos productos muy eficientes: la cera y el barniz. Hoy es un producto al alcance de casi cualquier bolsillo, si bien en aquellos tiempos se consolidó como un elemento de distinción solo disponible para los estratos sociales más privilegiados. Quizá recuerde el lector esas imágenes en las que se ve a un esclavo o un sirviente llevando el paraguas que protege de la lluvia (o del sol) a su amo o jefe. El sofisticado y útil paraguas, claro está, fue exportado a otros paí- ses. La ruta de la seda fue la vía principal para su difusión, y ahí vemos a nuestro querido paraguas, en países como Japón o Persia. Después llegaría a Grecia y al Imperio Romano. En estos lugares, insistimos, no se le daba el uso actual (para resguardarnos de la lluvia), sino que aún se usaba como si de una sombrilla se tratara. Al ser un objeto visualmente atractivo, volvió a ganarse los favores de quienes querían darse un toque de distinción. 

La evolución del paraguas no fue siempre un éxito, y cuando sí lo tuvo no se dio por igual en todas partes. En Europa, por ejemplo, experimentó un tremendo bajón durante la Edad Media, una época en la que prácticamente cayó en el olvido. Pero todo en esta vida se acaba, y la Edad Media no iba a ser menos. Así que a finales del siglo XV el paraguas reapareció con fuerzas renovadas en París, donde se usaba a modo de bastón o espada. Quienes le dieron el uso actual fueron los ingleses. Paulatinamente, otros países seguirían su ejemplo y comenzarían, ahora sí definitivamente, a emplearlo para evitar mojarse bajo la lluvia. Cada vez eran más los sectores de la sociedad (militares incluidos) que se aficionaron a él. Hoy día el paraguas se usa porque es muy práctico, pero es tal la variedad de formas y estilos, los hay tan hermosos, que algunas personas aprovechan la excusa de las inclemencias del clima para resaltar su elegancia personal.

Muchos han sido los materiales empleados para hacer paraguas. Una vez definidos su uso y su forma, no había más que echarle imaginación e ir probando materiales que estuvieran disponibles. Y así, en algunos países y en ciertas épocas, el bastón se fabricaba con madera y las varillas con bambú, y en ocasiones con papel. En Europa se echó mano de huesos de madera o de maderas de calidad, pero no triunfó demasiado, porque se usaban varillas de caña que, al ser rígidas, se rompían con cierta frecuencia y eso obligaba a llevar el paraguas siempre abierto. Por suerte llegó Jean Marius, un comerciante de París a quien se le ocurrió la idea de hacer un paraguas que pudiera plegarse. Para tal objetivo usó un material impermeable, un hule de color verde oscuro que iba atado con cuerdas para que no se dañara cuando hacía viento. Eran paraguas exclusivos para caballero, hasta que la princesa francesa Isabel Carlota decidió comprar uno de los paraguas. A partir de entonces muchas mujeres siguieron su ejemplo. Y así hasta nuestros días, donde rara es la casa en la que no hay uno o varios paraguas.

Cuando se inventó el paraguas, los chinos estaban muy lejos de imaginar que algún día serviría para que la buena de Mary Poppins saliera volando con él o para que Gene Kelly se marcara un bailecito que encandilara a millones de espectadores. Y tampoco pensarían, claro, que se iba a convertir en el regalo promocional más apreciado de muchas empresas. Las firmas son cada vez más pragmáticas y buscan artículos promocionales que sean realmente útiles. Y el paraguas lo es. En estas fechas, cuando las lluvias tienden a hacer acto de presencia, hay poco artículos promocionales tan de agradecer como él, y tan efectivos a la hora de promocionar una marca. El catálogo de paraguas hoy disponibles abarca una gran variedad de modelos, colores y formas, sin olvidar que pueden ser personalizables. La oferta incluye paraguas plegables, automáticos, de bastón, de golf de tamaño XXL, a prueba de fuertes vientos, con varillas de fibra de glas, repelentes al agua… Los hay transparentes, clásicos, antitormentas, reversibles, con luz Led… Y, por supuesto, en todos los colores: blanco, negro, azul, violeta, rojo, multicolor o incluso transparente. La empresa puede imprimir en él su logotipo y la URL de su web, el número de teléfono u otra información adicional, bien sea en el cuerpo del paraguas o incluso en el mango. Un atractivo y útil paraguas puede ser, en definitiva, el amigo ideal para bailar bajo la lluvia o, como decimos, el regalo promocional perfecto.

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